Los metamateriales

1 noviembre 2011

De la nota: Luz obediente, por Gabriel Stekolschik  ( gstekol@de.fcen.uba.ar)

Desde el principio, el hombre buscó dominar a la naturaleza. Y en gran medida lo consiguió. Pero, hasta hace pocos años, no había podido someter a la luz. Ahora, los científicos crearon materiales que permiten controlar el comportamiento de las radiaciones, lo que abrió el camino a aplicaciones insospechadas. Entre ellas, la posibilidad de hacer invisibles a los objetos.

El mundo con el que se encontraron los primeros humanos debió distar mucho de ser el Edén. Probablemente, en aquel ambiente inhóspito, nuestra frágil especie no habría sobrevivido si no hubiera tenido la habilidad para fabricar herramientas. Así, nuestra civilización se fue desarrollando en la medida en que lograba dominar las propiedades de los materiales.

Primero fueron la madera, el hueso y la piedra. Después, los metales. En aquellas edades tempranas, en las que apenas empezábamos a manejar algunas cualidades mecánicas de la materia, la luz era, simplemente, “algo” que diferenciaba el día de la noche.

Hoy, varios milenios después, se sabe mucho acerca de la luz y, sin embargo, recién comenzamos a domesticarla, o sea, a confinarla y decirle qué camino seguir. Lograrlo posibilitaría, por ejemplo, reemplazar los circuitos electrónicos por otros, fotónicos, mucho más veloces y eficientes; o, también, crear lentes que nos permitirían ver los átomos; o, incluso, poder hacer invisibles los objetos.

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Aplauso, medalla y viaje

30 septiembre 2011


Gabriel Rocca, Cecilia Draghi, Lino Barañao, Susana Gallardo, Ruth Ladenheim y Gabriel Stekolschik


Ayer, jueves 29 de septiembre, en el predio de la muestra Tecnópolis se entregaron los premios nacionales a la Comunicación Pública de la Ciencia, la Tecnología y la Innovación “La Ciencia en Boca de Todos” 2010, otorgados por el MINCYT (Ver A los premios).

El premio especial lo recibieron, de manos del ministro Lino Barañao, los periodistas Susana Gallardo, Gabriel Stekolschik y Gabriel Rocca, todos integrantes del Área de Medios de Comunicación de Exactas y redactores de EXACTAmente, por el trabajo “Dossier Biodiversidad” publicado en la revista EXACTAmente Nro. 41. También fue entregada una mención especial a Cecilia Draghi por una nota sobre Biodiversidad publicada en La Nación.

Posteriormente a la entrega de premios, tuvo lugar la conferencia “La problemática de la divulgación científica hoy” a cargo del especialista Baudouin Jurdant, profesor emérito de Ciencias de la Información y de la Comunicación y Responsable del Master “Periodismo Científico” de la Universidad de París Diderot.

Levantamos nuestros erlenmeyers y nuestras micropipetas en su honor. ¡ Salud !

Experimentación simulada

20 septiembre 2011

Para los más ansiosos, les vamos dando un adelanto de lo que se viene con la nota Computadora mata tubo de ensayo, de  Gabriel Stekolschik que abre EXACTAmente 48.

Algunos investigadores han reemplazado la mesada del laboratorio por la pantalla de la computadora y, por lo tanto, algunos experimentos tradicionales se concretan a través de sofisticados programas de computación. No es por una cuestión de comodidad, dado que el requerimiento de hardware es altísimo y, en consecuencia, costoso. Entre las ventajas está el hecho de que la simulación arroja un detalle nunca visto a la hora de entender y trabajar sobre las interacciones químicas.

Quienes tuvimos la suerte de ir a la escuela llevamos en algún lugar de la memoria el recuerdo de los trabajos prácticos que realizábamos en el laboratorio del colegio. Aquellas primeras experiencias “científicas” –que nos amontonaban alrededor de un microscopio para tratar de identificar una célula, o que nos compelían a mezclar sustancias para ver un cambio de color– daban cuenta de un universo extraño, poblado de un montón de instrumentos raros.

Que el mundo cambia y nada es como era antes es una verdad de Perogrullo. También es una perogrullada afirmar que el desarrollo de la informática ha cambiado nuestras vidas de una manera radical. Pero lo que –hasta el momento– escapa del ámbito de lo obvio es que las computadoras están reemplazando a los tubos de ensayo, las probetas y las pipetas que usábamos en aquellos experimentos escolares.

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Ilustración: Hernán Bermúdez

El día en que murió, el 4 de agosto de 1997, la francesa Jeanne Calment llevaba vividos 122 años y 164 días. Aunque el Génesis del Antiguo Testamento afirma que Matusalén alcanzó la edad de 969 años, el caso de Calment es el del individuo más longevo de la historia de la humanidad científicamente documentado.

Por Gabriel Stekolschik para EXACTAmente 47

Según los registros del Gerontology Research Group, al momento de escribirse este artículo la persona más vieja del mundo es el norteamericano Besse Cooper, con “apenas” 114 años y 235 días de vida comprobados y, según la misma Organización, en todo el planeta habría solamente 86 personas “supercentenarias”, es decir, con más de 110. Sin embargo, la ciencia está convencida de que, en pocas décadas, será rutinario cruzarse con humanos cuya existencia vaya más allá de los 100 años. De hecho, en la actualidad, uno de cada 10.000 habitantes de países industrializados ya alcanzó esa edad.

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De la nota “Una relación muy particular” por Gabriel Stekolschik para EXACTAmente 46.

Desde que el periodismo empezó a ocuparse de la ciencia, la relación entre la prensa y los investigadores ha sufrido desencuentros que, en general, reflejan ideas diferentes acerca de cómo y para qué comunicar la ciencia al público. En plena era del conocimiento, cuando ya es indiscutible y casi imperiosa la necesidad de alcanzar una sociedad científicamente culta, periodistas y científicos –actores importantes en ese proceso–siguen atrapados por esas diferencias. 


Hastala Segunda Guerra Mundial, era habitual que un científico desarrollara toda su carrera sin encontrarse con un periodista.

Pero las bombas sobre Hiroshima y Nagasaki no solo masacraron a los habitantes de esas ciudades japonesas sino que, además, desataron una reacción en cadena en el ámbito informativo. El periodismo invadió los laboratorios y la física nuclear hizo correr ríos de tinta en la prensa escrita. De esta manera, el público empezó a tomar conciencia de que el conocimiento científico, que era considerado una herramienta para el bienestar de la humanidad, también podía acarrear riesgos.

Hasta ese entonces, el saber producido por quienes investigaban los secretos de la naturaleza había estado reservado a las clases dominantes, y solo era transmitido a los profesionales y técnicos que se requerían para aplicarlo. Pero las explosiones nucleares dieron un motivo incuestionable para que la ciudadanía en su conjunto estuviera informada acerca de los caminos encarados por la ciencia y, sobre todo, por la tecnología. Así, comenzó a desarrollarse una especialidad informativa que tiene por objeto dar a conocer -y explicar- lo que ocurre en el interior de los laboratorios de las universidades e institutos de investigación: el periodismo científico.

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